Viajes

A veces tiene sus ventajas tener buena memoria, recordar momentos, aromas, sabores y colores suele ser sencillo para mí, en otras desearía poder olvidar todos esos momentos chuscos o vergonzosos que suceden cuando metes tu vida en una maleta y te aventuras a conocer o reconocer un nuevo destino. Van desde las noches previas en que metes y sacas ropa por si hay clima lluvioso o por si está muy cálido, por si saldrás a la calle o simplemente si te dan ganas de andar en calzones en tu habitación.

Y es que la decisión no siempre es fácil, y además estoy seguro qué si estás leyendo esto sonreirás porque a todos nos ha pasado que metes media vida en la maleta pero olvidas el cepillo de dientes, la cartera y en más de una ocasión el pasaporte. Pero tengo que confesar que aún así amo esta sensación de viajar, ver los rostros de aquellos con los que comparto trayecto, desde la señora viajando con toda la familia intentando controlar el caos que diariamente vive en casa pero ahora en cada espacio del aeropuerto o al subir al avión, o qué tal quien al igual que yo viaja por trabajo, y aunque ustedes puedan no creerme, les juro que se nos nota, vestimos ropa y calzado cómodo gracias a nuestra experiencia previa porque uno nunca sabe cuando habrá necesidad de correr o las horas que pasaremos en el aeropuerto al más puro estilo de Tom Hanks en La Terminal, y qué tal aquellos enamorados viajando juntos que encuentran a su mal tercio que por ironía del destino viaja de malas y que seguramente está divorciado o no tolera las muestras de cariño en público; mucho menos los arrumacos que se están dando a unos cuantos centímetros de él o ella.

Así mismo admito que en algunas ocasiones he creado mis propias historias de amor o de suspenso con los pasajeros, desde el encuentro inesperado que culminará como un amor de verano donde dos personas se olvidarán de las reglas y de su vida previa hasta que logren saciar sus deseos carnales y tengan que volver a la cruda realidad, o el desencuentro de los amantes cuando en este pequeño avión la protagonista se encuentra con el amor de su juventud y le hace temblar nuevamente al verlo mientras a su lado está aquel que no era su mejor partido pero era alguien que si la amaba. O ya de plano en otras ocasiones simplemente me gustaría que la tripulación la hubiera asignado Pedro Almodóvar y terminar en una orgía a miles de pies de altura por la simple necesidad de saber si me tocaría representar el papel de Chema Yazpik o ser uno de los sobrecargos ‘pringaos’ bailando una coreografía merecedora del Tony con Lipsync incluido.

Finalmente hay otros viajes como este donde extraño mi hogar a pesar de acabar de salir de él y como en mi caso, extraño además el calor de quien comparte conmigo su existencia. Viajes que dejan instantes para escribir, para dejar volar la imaginación y ver qué sucede, dejarse influir por las musas, beber una cerveza mientras las millas aumentan y ¿por qué no?, dejarte sorprender por cada nuevo lugar, cada nueva experiencia que te haga más grande el mundo.

La sobrecargo me mira fijamente mientras imagino que quiere que cierre mi iPad, es hora de aterrizar, ya les estaré platicando lo que aprenda de este viaje, por lo pronto me quedo con la melodía de “I’m so excited” dando vueltas una y otra vez en mi cabeza.

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