La lista

Le encontré en un chat donde entran aquellos que buscan pareja, recuerdo bien que saludé al mundo y ella apareció entre un millar de líneas que se desplazaban con prisa, eran otros tiempos, el amor dejaba de aparecer en los bares o en las calles y ahora había que esperar que a alguien le resultaras atractivo ya sea por tu nickname o por tu presentación. Yo no era ni lo uno, ni lo otro, sin embargo ella se sintió atraída a mi poca habilidad para convivir en un espacio tan frío.

Sin más huimos a un chat privado y nos alejamos de aquellos que al igual que yo buscaban alguien con quien charlar, fluyeron las preguntas de rigor, las edades, los gustos, las ciudades y para sorpresa los dos estábamos en la misma ciudad, en la misma zona. La plática se tornó más personal, cada uno a su manera explicó las razones por las que se encontraba solo, historias de novias psicópatas y de novios violentos nos hicieron pensar que estábamos ante nuestro reflejo, nos sentimos identificados, la madrugada nos descubrió explorando nuestras vidas entre risas y frases que el otro completaba del otro lado de la pantalla.

Pasaron algunas horas, cada uno a su manera soportaba la tortura de no saber que estaba sintiendo el otro, solo esperábamos que dieran las nueve de la noche para entrar y buscarnos mutuamente. La imaginaba alta, cabello largo, de piel blanca y con un hermoso par de ojos verdes, podía hasta percibir su aroma a frutillas. La hora llegó, ella apareció en el chat puntualmente, yo estaba ansioso y ella parecía estarlo también, de pronto en la pantalla un mensaje me desconcertó y me hizo salir corriendo. Ella me decía que no podía esperar, que era urgente que nos viéramos, me dejó su dirección y me pidió que llegara lo más pronto posible. No me detuve a pensar, me subí con prisa a mi auto y llegué a su casa, mientras tocaba el timbre intentaba organizarme el cabello y revisar que mi aliento fuera bueno.

La puerta de aquella casa se abrió, una señora salió y le dije que buscaba a Ariel2367, se acercó y me ofreció pasar al interior, estaba nervioso, no sabía a quién estaba buscando pero estaba seguro que por alguna razón había aparecido ella en aquella sala de chat. La señora me ofreció un vaso de agua y me dijo que en un momento bajaba Ariel, bebí un sorbo de agua, pude ver en las paredes muchas fotografías, quizá en alguna de ellas estaba aquella mujer que parecía echa para mí. En ese momento escuché las pisadas de unos tacones bajando la escalera, el aroma a frutillas me sorprendió, era tal como lo había imaginado, tan pronto apareció frente a mí quedé asombrado, era justo como la había imaginado, se acercó y me dio un largo beso que me robó el aliento, sus manos recorrieron mi espalda y se acercó a mi oído y me susurró que no traía nada debajo del vestido, los nervios se apropiaron de mí pero la excitación era mayor, tanto que se abultó mi entrepierna intentando mostrarle que estaba listo para corresponder a su confesión.

Con un grito le dijo a su mamá que saldríamos al patio a platicar, me tomó de la mano y me llevó con prisa hasta el jardín. Debajo de un pequeño cerezo había una banca, me invitó a sentarme, con gran habilidad bajo mi cremallera y dejó libre mi miembro, escupió su mano y lo frotó firmemente, no podía creer lo que me estaba sucediendo, ni en el sueño más enfermo habría imaginado que aquella mujer me tendría ahí a su disposición. Sin decirme más se giró y levantó un poco su vestido, se acomodó con la otra mano mi miembro y de un sentón me hizo atravesar su estrecha vagina, la sujeté por la cintura y comenzamos a movernos frenéticamente, ella se dejaba caer con más fuerza conforme pasaba el tiempo, sus manos se apoyaron en mis rodillas y comenzó a moverse en círculos, mis manos frotaron sus pechos firmes, ambos conteníamos hasta donde podíamos los gritos, ella comenzó a moverse violentamente, estaba a punto de llegar, frotó con sus dedos su clítoris y cuando se sintió a punto de estallar me tomó de los testículos y me pidió que me corriera dentro de ella, eso me hizo llegar, podía sentir como su vagina apretaba con fuerza mi pene hasta que sin poder contenerme más le inundé aquella pequeña cavidad.

Nos quedamos ahí, ella sentada sobre mí, escurriendo los dos por lo acontecido, se recargó sobre mi pecho y me pidió que no la odiara, yo en ese momento no comprendía ese comentario, era obvio que lo que menos pasaba por mi mente era odio, de pronto, se levantó y dejó salir mi miembro embarrado de una mezcla blanquecida de sus fluidos y los míos. Nos limpiamos mutuamente, pasaron algunos minutos donde charlamos sobre la vida y lo mucho que habíamos disfrutado ese encuentro, me despedí y aún seguía sin creer por lo que había pasado. Un nuevo día llegó y yo no podía quitarme de la cabeza como entraba y salía de su cálido cuerpo, recordaba los gritos ahogados, los gemidos, su piel erizándose, mis ganas contenidas, las marcas de sus uñas en mis rodillas. Me preparé para ir al trabajo y al abrir la puerta ellos estaban ahí, me dijeron que ella se había ido y me mostraron una lista donde estaba yo, sí, con mi nombre completo a pesar de no habérselo mencionado, una fría sensación me recorrió el cuerpo, me dijeron que ella se había colgado en aquel cerezo donde me hizo sentirme vivo, en la lista estaba tachada la frase “hacerle el amor” y mi nombre, esa era la última de las cosas que tenía por hacer en este mundo, este frío mundo donde se cruzó dos veces en mi vida, y en ambas terminé devastado por su partida.

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