Nanorelatos

No gritó mi nombre y aún así fue increíble, no me conocía, apenas si recordaba como demonios habíamos llegado a esta habitación, sin detenerse me compartió su intimidad, me escabullí entre sus piernas, le besé con fuerza los labios y así sin más se rindió en un gritó exclamando que me amaba mientras de su interior un manantial acabó con mi sed.

Javier Díaz de León.

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