Mórbido

La sensación fue extraña, sentir sus manos frías tocándome el pecho no debería ser agradable, sin embargo lo era, algo en mí despertó y tuve que controlar mis ganas de hablarle. Lentamente tomó el bisturí; sé que debí sentir miedo pero nuevamente la sensación fue diferente, deseaba que abriera mi interior y dejara al descubierto mis vísceras. Con gran maestría separó cada capa de mi piel hasta llegar a mi interior, soltó el escalpelo sobre una charola, con sus dedos se abrió paso mientras yo extrañamente disfrutaba del contacto de sus dedos en mis órganos.

Aquello era como un sueño, la luz iluminaba su rostro, sus manos se movían con facilidad en mi interior y yo estaba seguro que me estaba enamorando de aquella mujer. De pronto los pitidos nos sacaron del idilio, la gente comenzó a moverse rápidamente en aquel sitio, y todo se volvió en un caos. Fue en ese instante en que me miró, se quitó el cubrebocas y pude ver su rostro, era más hermosa de lo que imaginé, su piel era rosada, sus grandes ojos negros se quedaron fijos sobre mí, abrió sus labios y me regaló una ligera sonrisa, sentí mi corazón galopar entre sus dedos mientras se oscurecía todo a mi alrededor.

Abrí los ojos en una habitación, sentí frio, la puerta se abrió y la silueta de aquella mujer se fue acercando poco a poco, me sonrió, pude leer en sus labios que me dijo adiós, se dio media vuelta y se alejó de mí. Fue en ese momento que las luces se encendieron el cirujano me miró y me dijo, bienvenido, estuvimos a punto de perderlo.

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