Otra historia.

El ritmo era cadencioso, parecían no tener prisa, cubrían sus cuerpos desnudos con caricias y besos, sus manos recorrieron cada espacio inexplorado de sus geografías, saborearon cada fluido y se bebieron mutuamente, las almas se unieron en sincronía, se entregaron sin importar el tiempo, se entrelazaron en mil y una posiciones comprobando que estaban hechos para estar juntos.

No importaba quienes eran o quienes deseaban ser, se dejaron llevar por el deseo y la pasión, el cóncavo y el convexo se unieron perfectamente. De pronto el amanecer los sorprendió unidos,  la pausa en sus vidas había terminado, el tiempo siguió su ritmo, ambos se miraron y con prisa cubrieron sus cuerpos desnudos, gastaron el último minuto dándose un beso, su historia tendría que esperar, ahora tocaba vivir la otra historia, esa donde cada uno es lo que toda la sociedad espera que sean.

Javier Díaz de León

 

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