Lazos de Sangre

Presionó los botones del microondas, pensó que dos minutos eran suficientes para calentar lo suficiente el agua para prepararse un café, se rascó la nalga izquierda mientras probaba una galleta, apenas cubierto por una bata de baño recorría con la mirada aquel sitio, un pequeño departamento en el centro de la ciudad desde donde podían escucharse las campanadas de la Catedral que le habían despertado buscando un café, tomó otra galleta mientras husmeaba dentro del refrigerador buscando algo que probar.

El microondas anunció con su peculiar sonido que era tiempo de sacar la taza de su interior, miró a su alrededor y comenzó a husmear en los gabinetes buscando el bote de café, abrió desesperadamente cada puerta hasta encontrar un pequeño recipiente de nescafé, pensó que no era tan bueno, pero en esta posición era lo que había y no podía mas que agradecerlo, tomó una cuchara y se sirvió su taza. Lo mezcló al tiempo que tomaba otra galleta, caminó hacia el pequeño sofá en la sala y se sentó a disfrutar de su café.

Bebió un sorbo mientras pensaba en lo sucedido, era increíble que volviera a encontrarse con ella después de no verse desde la infancia, jamás habría imaginado haciendo el amor con aquella niña de colitas y piernas chuecas con la que tantas veces compartió las vacaciones de verano, bebió otro poco de café, en su mente se agolpaban las imágenes de lo sucedido la noche anterior, aún podía percibir el aroma de su cuerpo, sus labios aun guardaban un poco del sabor intimo de la mujer que ahora dormía placidamente en la habitación.

Bebía otro pequeño sorbo cuando sus ojos comenzaron a revisar a detalle las fotos colgadas en la pequeña salita, parecía alguien que había viajado mucho, imágenes en París, Barcelona, Turquía y otras muchas ciudades alrededor del globo cubrían gran parte de la pared. Bebía su último sorbo de café cuando reconoció a otra persona en las fotos, su rostro cambió de inmediato, se levantó y se acercó a los cuadros, de pronto comenzó a identificar en cada uno de ellos a la misma persona. Sus ojos se comenzaron a llenar de sangre cuando vio a esa persona en la graduación de aquella mujer. Su mente comenzó a atar cabos, esos que siempre estuvieron ahí, pero que jamás pensó que los unieran. Estaba hecho trizas, su estómago comenzaba a hervir produciéndole un dolor intenso que le paralizaba.

Regresó a la habitación y la miró ahí tendida, desnuda, con sus nalgas marcadas por sus manos y con su cabellera rubia cubriendo parte de su espalda, no podía sentir morbo, de hecho comenzaba a sentir nauseas por lo sucedido, su mente daba mil vueltas y siempre llegaba a la misma conclusión, esa mujer era la amante de su padre. Imaginaba a su padre cogiéndose a aquella joven, seguramente este lugar era el nido de amor de su progenitor.

Su respiración se agitó aún más, se acercó con prisa al lado de aquella mujer y no podía borrar la sensación de asco. De pronto ella abrió los ojos y le miró asustada, no se parecía en nada al hombre pasional de la noche anterior, su cara mostraba furia y sus ojos inyectados de sangre le daban un aspecto de locura que le hicieron refugiarse en la cabecera y escudarse con una almohada.

De pronto de la boca de él solo salieron injurias e improperios, acusaciones donde el estatus de puta era lo que sonaba menos agresivo de aquel que sin explicar nada la quería apedrear cual Magdalena, los ojos de ella comenzaron a llenarse de lágrimas, no entendía nada de lo que él hablaba, era tan difícil comprender a aquel hombre enfurecido que solo pensaba en su interior, que demonios había ocurrido con este sujeto al que hace unas horas había reencontrado y del cual guardaba parte de los mejores recuerdos de su infancia.

Enfurecido buscó su ropa mientras que ella le miraba atónita, de su boca no salía ningún sonido, solo las lágrimas rodaban por su mejilla, se cubrió con la sábana y se levantó de la cama, de pronto él volteó al buró y vio el retrato de su padre, lleno de ira lo arrojó contra la pared. –Hijo de puta- dijo mientras los restos de cristal y madera caían al piso, ella lo miró sorprendida, era el retrato de un ser amado, era el retrato del hombre más importante en su vida. De su boca salió un grito – ¿Por qué? –Él volteó a verla, ella se lanzó sobre aquella imagen sin importarle los restos de cristal que se enterraban en sus piernas.

– ¿Por qué le hiciste esto a mi papá? – preguntó ella mientras abrazaba con fuerza la imagen de aquel hombre. La cara de él se llenó de dudas, no podía creer lo que estaba pasando, las respuestas eran las mismas, ella también era hija de su padre, por lo que miles de preguntas se generaban en su cabeza, además estaba el hecho de que se había acostado con su hermana. Ella lo miraba con miedo, él se sentó en el borde de la cama y el dolor del abdomen era más intenso, su mano izquierda comenzó a temblar mientras que su rostro palidecía. Ella lo miró ahí congelado, sin decir nada y con la mirada perdida, el sacó de su pantalón el teléfono y abrió la galería de fotos, buscó frenéticamente una imagen y le entregó el teléfono a ella. –Es mi padre también – dijo al tiempo que su voz comenzaba a entrecortarse por el llanto.

Ambos se quedaron ahí, tratando de entender, buscando respuestas a todo lo sucedido, buscaban sin saber, que la respuesta la tuvieron siempre aquellos dos pequeños que creían encontrarse cada verano de forma casual, que crecieron juntos cada verano sin saber quienes eran, sin saber que sus madres vivieron engañadas por aquel hombre que encontró la forma de tener una doble vida y que nunca se detuvo a pensar en lo irónico que es el destino.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. teatro dice:

    Hola Javier quisera contactar contigo para una nota cultural de LE NOUS Gracias! mi correo es ivanovic15@hotmail.com
    gracias!

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