Detrás del blanco

Todo comenzó con esa hoja en blanco, misteriosa, confusa, quizá hasta enferma. Podías ver que no se tenía nada que decir, de alguna manera la persona que le dejó ahí no tuvo la habilidad o el valor de escribir algo en ella. Las hojas en blanco no tienen razón de existir, son una presencia vacía, no guardan nada, no contienen nada, solo esperan a ser utilizadas.

Recuerdo bien ese momento en que la vi, ahí colocada sobre mi escritorio, esperando que yo le pudiera dar algo, quizá agradecería que la manchara con mis manos torpes, pero ese era su fin, ser usada. La tome entre mis manos, leí y me di cuenta que no era lo que yo pensaba, era más de lo que podía haber pensado y finalmente me di cuenta que si no se escribió nada en esa hoja fue porque simplemente las palabras no eran suficientes para describir lo que se sentía. Hasta ese momento lo entendí, tome la hoja y me senté tranquilamente a leer detrás del blanco.

Recuerdo que fue tan insólito, que aún ahora, tiempo después, mi vida sigue preguntándose que habría sido sin que esta historia comenzara con esa hoja en blanco. Hoy puedo decir que encontrarme con ella me ha permitido escribir tantas cosas buenas en mi vida a raíz de un espacio vacio que nunca podría imaginar que contuviera tantas emociones.

Paco

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