Javier Diaz de León

Más de mil y un cuentos para las noches solitarias

Dormir…

Hay días que uno debería mejor no despertar, quedarse en cama, dejar que pasen de largo. Hoy es uno de esos días, en que la tristeza ha dejado su huella permanente, esa que hiere, que sangra, que debilita las ganas de seguir. No basta con pensar que todo estará bien, no quedan ganas de luchar, simplemente esperar que mañana sea diferente. oy me declaro vencido, me rindo ante las palabras que han logrado meterme en este sitio, esas que si tan solo estuvieran en otro orden habrían pasado desapercibidas, hoy, hoy simplemente quiero dormir, dejar que la tristeza se consuma y que deje de estar presente en mi alma.

Solo por hoy…

Días de Díaz

Diciembre se había convertido para mi en un mes difícil, de tristeza, de soledad, de mil y un sentimientos mezclados, no puedo negar que me han pasado muchas cosas buenas en estos siete años sin mis padres, he encontrado el amor, con todo lo que significa, altas, bajas y momentos de lejanía, pero es hoy un día extraño, las lagrimas no dejan de fluir, hay un nuevo integrante en la familia, que llevará el nombre de mi padre, hoy pude cargarlo, sentir sus latidos, ver en sus ojos esa chispa que caracterizaba a mi papá, tuve esa sensación de conocerlo de antes, tal como me pasó con Alex, con Eric y con Paola, me siento orgulloso de mis hermanos, con sus defectos y sus virtudes, que siguen cambiando su historia, tal como ellos querían, yo, yo por mi parte tengo ganas de verles, de platicar con ellos, de preguntarles sobre mi vida, su opinión, de mis proyectos, de mis errores, de que me ayuden como lo hacían a seguir adelante, a caminar al lado de la mujer que amo, esa que se ha encargado de hacerme sentir que vale la pena continuar, levantarme por las mañanas solo para decirle te amo.

A mis padres, solo les puedo decir, donde quiera que se encuentren que, aun con todo lo bueno, me hubiera encantado que estuvieran aquí, a nuestro lado, los extraño demasiado.

Sin lugar a donde ir

Vivir en este país se ha vuelto un lujo, el gobierno mas que pensar en ofrecernos seguridad, piensa en como cobrar un impuesto por vivir, mientras los muertos comienzan a acumularse en cada esquina, es cada vez más usual ver tiroteos, persecuciones, asaltos, cuerpos tirados con impactos de bala que manchan esta tierra que en algún tiempo fue de paz, de folclor, de trabajo, por supuesto que entiendo que uno mas uno dan dos y que la lógica se impone al cuestionarse sobre el papel de las autoridades, pero en este país en algún momento era posible vivir, todos creemos ser dueños de una vida que no nos pertenece, después de 200 años de haber logrado la independencia y en teoría haber recuperado nuestra libertad, en un lapso no mayor a 12 años pareciera que la hemos perdido por completo.

No creo que la solución sea una cuestión de partidos, de presidentes o de política, sino de personas honestas, esas que hoy nos mantenemos al margen de esta sucia guerra y que no concebimos la manera en que se están haciendo las cosas, que vivimos trabajando en algunos casos todos los días para tratar de sacar adelante a nuestras familias, que hacemos lo necesario para vivir con dignidad, que tratamos de mantenernos alejados de aquellos lugares que sabemos peligrosos, que intentamos hacer caminar este país por medio del trabajo, esas que hoy comienzan a buscar formas de migrar a otras tierras, nuevas tierras que valoren la calidad de personas que somos, donde nuestras actividades sean reconocidas y bien remuneradas, donde un gobierno haga lo que se supone que tiene por obligación hacer, proteger nuestros derechos y nuestro patrimonio.

Amo a mi país, pero antes de todo, amo a mi familia, por esto estoy comenzando a pensar seriamente en buscar nuevos horizontes donde pueda crear un mejor futuro para los que vengan más adelante. Por hoy no queda más que hacer un minuto de silencio por aquellos que como yo buscaban el pan de cada día y quedaron atrapados en esta guerra, de la cual ahora pasan a ser una simple estadística de los malos resultados de una campaña política que ahora anuncia sus logros con silbidos en cadena nacional.

F. Díaz de León

Fantasmas

Camina lentamente ocultándose de la mujer que va adelante de él, guarda su distancia para no verse descubierto por aquella que cada mañana le guía hacía su trabajo, hoy no parece ser distinto, sabe que llegará al café de la esquina y pedirá un expreso doble, pagará con el cambio exacto y saldrá con prisa hacia su oficina, es muy predecible, desde hace más de un mes que sigue los pasos de esta pequeña rubia de un metro cincuenta, recuerda como se encontró con ella en la estación del tren, como no pudo evitar voltear a verla cuando el aroma a violetas inundó sus fosas nasales, desde ese momento comenzó a seguirla todas las mañanas.

Ella se acerca al puesto de revistas y recoge los 3 diarios, él la mira y sabe que pagará con un billete de 20 pesos, todos los días hace exactamente lo mismo, ella sigue su camino, cruza la calle y es en ese momento que todo cambia, el tiempo se detiene, el sonido de una bocina la hace voltear, el café y los diarios caen al piso, en ese momento todo se congela a su alrededor, observa con miedo como se acerca el coche a toda velocidad, puede ver el rostro de miedo del conductor que se aferra al volante y pisa con fuerza el pedal del freno, el rechinar de los neumáticos hace voltear a todas las personas a su alrededor, de pronto sus ojos se encuentran, ella lo mira y trata de reconocerlo, en los ojos de él se refleja la urgencia de salvarle, sus pies no tocan el piso, sus cuerpos se encuentran, la abraza con fuerza y en ese instante el tiempo vuelve a su ritmo normal, ambos caen al piso, ella se levanta de prisa, pálida, asustada, por el contrario él se queda en el piso, hay sangre en su cabeza, intenta levantarse pero no lo logra, el golpe ha sido muy fuerte, cierra los ojos.

Ella levanta sus diarios mojados por el café, la gente sigue su camino, ella se va corriendo con prisa hacia su oficina, al llegar se sienta mientras se arregla la ropa que aun tiene una que otra mancha de tierra, sabe que lo que acaba de suceder es increíble, se detiene y recuerda la escena, no entiende de donde salió aquel hombre, piensa que está enloqueciendo, finalmente al levantarse no había nadie a su lado. Trata de olvidar lo sucedido, de pronto la imagen de los ojos de aquel hombre se agolpa en su mente, ahora lo recuerda, un viento frío le recorre el cuerpo, su salvador, era ni más ni menos que aquel desafortunado hombre que perdiera la vida al caer en las vías del metro.

Soñar

Cada noche intenta no soñar, desea simplemente descansar, aborrece las imágenes que ve al cerrar los ojos, momentos que se han ido, en otras ocasiones cosas que están por suceder, es su maldición y su destino.

Desea ser alguien normal, soñar cosas felices de esas que te hacen pensar si los sueños son reales o la realidad es una gran pesadilla. Enciende la televisión y lo atormenta la cruda realidad, los muertos, la crisis, todo es violencia. No puede más, sus ojos se cierran, tiene miedo de soñar, sabe que hoy nuevamente al igual que millones de mexicanos el sueño será el mismo, violencia y sangre de esa que se comienza no solo a aparecer en nuestra vida diaria, sino que ahora nos invade el único espacio que nos quedaba, el sueño.

Equilibrio

Durante los últimos años de mi vida me he visto obligado a responder una serie de preguntas que a mi gusto resultan tontas y sin sentido, mucho más cuando las personas que las hacen muestran claramente su frustración y creen que afectan mi vida con sus comentarios acerca de lo que está socialmente bien visto y lo que a su juicio está equivocado en mi vida personal.

Principalmente todas ellas van encaminadas a cuestionar la forma en la que caminamos juntos mi mujer y yo, esto porque como es normal en este país, las mujeres tienen una libertad de expresión y de acción que solo aparece en los discursos oficiales, la cual obviamente está más que limitada en el terreno afectivo y familiar, es hasta ofensivo ver como las principales enemigas de la libertad de decisión de las mujeres son ellas mismas, impulsadas ante todo por su realidad, la cual fuera de obligarlas a defender su derecho a hacer lo que les venga en gana, las convierte en jueces de hierro de todas aquellas mujeres que, llámenle como quieran, tienen libertad de profesión, de acción y de caminar con su pareja con una igualdad de condiciones para ambos.

No sé si estamos en los inicios de una sociedad gobernada por y para las mujeres o si en un futuro seremos como los talibanes, lo que si puedo decir es que en mi caso, es un honor caminar al lado de una mujer a la que admiro y respeto profesional y personalmente por su valor e inteligencia y no por la forma en que me plancha un pantalón ó porque tiene la casa limpia y en orden mientras veo mi partido en la televisión.

Pensamientos

¿Será que estamos comenzando a dejar de sentir?, la realidad violenta de esta vida nos comienza a convertir en sujetos sin sentimientos, sin ganas de seguir, sin una razón mayor que tener dinero para pagar las cuentas, y no solo es de mexicanos, se trata de una realidad que no queremos aceptar, ya no queremos sentir, no queremos que nos duela, somos témpanos de hielo cuando se trata de amar, nos metemos el pie y queremos que el otro se equivoque, que cometa ese error que tanto esperamos con el cual tengamos el pretexto perfecto para dejarlos en el camino.

Noches lluviosas…

Es placentero sentarse en el balcón de mi habitación y ver llover, disfrutar de la noche lluviosa y recordar, recordar días como este, desde aquellos cuando era un niño y me aterraba ver los relámpagos acompañados de el estruendo sonoro que me ponía los cabellos de punta, recordar como llegaba mi madre y me abrazaba para que no sintiera miedo y me pudiera dormir.

También llegan recuerdos de momentos de mi vida en Barra de Navidad donde el ver llover traía consigo el miedo a que la tormenta se convirtiera en huracán, ese lugar donde comencé a escribir y a dejar que las palabras fluyeran sobre un cuaderno de viaje.

Otras memorias menos agradables fueron las de las noches lluviosas que se cubrieron de soledad y desamor por aquellas que alguna vez me amaron y que por sus razones no quisieron seguir a mi lado.

Pero nada tan triste como aquella memoria de un 12 de septiembre, donde, desde el piso 13 del centro medico, el cielo anunciaba un luto anticipado, donde la ciudad al igual que yo despedían aquella noche a la mujer que me trajo al mundo.

Hoy, hoy todo es diferente, esta noche lluviosa no duele, es más, podría decirse que la disfruto sobremanera con la compañía incondicional de la mujer de mi vida, esa que desde hace mucho tiempo se ha encargado de hacerme disfrutar de lo hermoso de las noches lluviosas.

Paco.

Vertiginoso

Mientras caía cerró los ojos, le dió miedo ver el piso acercarse, respiró profundo y quedó plasmado sobre el pavimento.

Sueños de Aeropuerto

Miró su reloj mientras escuchaba por los altavoces que su vuelo venía retrasado, se había vuelto una costumbre a últimas fechas quedarse atorado en cualquier terminal del país. Tomó su equipaje de mano y caminó lentamente hacia el mostrador, pensó en gritar y exigir un lugar en otro vuelo pero aquella sala estaba a reventar, prefirió dejarlo pasar y solo preguntar hasta que hora se esperaba el arribo del vuelo. En ese instante los gritos detrás de él lo sacaron del letargo y no pudo evitar mirar hacia atrás, ahí estaba ella, una pelirroja de no más de un metro sesenta con grandes ojos esmeralda y unos labios carnosos color carmesí de los cuales solo salían insultos e improperios, se asombró de la velocidad en que aquella pequeña mujer convirtió la sala en un cáos.

En ese momento le cedió el paso a la mujer más por miedo que por cortesía, parecía que si no lo hacía la pequeña mujer treparía por su espalda. La mujer detrás del mostrador impotente y tratando de evitar más problemas simplemente decía que la entendía pero que no podía hacer nada, el sin embargo no dejaba de admirarla, bajó su mirada y recorrió su cuerpo con detenimiento, era casi perfecta, llevaba unos pantalones ejecutivos negros y una blusa de seda rosada que mostraban lo firme de su anatomía. Estaba embelesado con el físico de la mujer cuando de pronto se sintió confrontado, ella había dado vuelta y se encontraron de frente, él solo atinó a invitarle un café a lo que ella solo dijo “¿irlandés?”, el asintió y caminaron juntos hasta el Starbucks.

Después de todo parecía que el día no sería tan malo como pensaba, iba acompañado de aquella hermosa mujer pero algo no estaba bien, la miró y pudo notar que ella no traia su equipaje, volteó hacía el mostrador y observó la maleta negra ahi entre el tumulto de pasajeros retrasados, la tomó del hombro para hacerle notar su olvido pero ella saco de la bolsa de su pantalón el teléfono al tiempo que con una mueca le decia lo siento, ahí la reconoció, esta mujer ya había aparecido antes en su vida, en ese instante todo pareció ir en cámara lenta, ella presionó send y simultáneamente el maletin se volvió una gran bola de fuego y humo, sintió una gran fuerza que lo empujó hacia el pasillo y lo hizo volar unos metros, en un momento todo fué silencio, miraba a su alrededor y solo veia cuerpos tirados y en los rostros de algunas personas el pánico se mostraba en su máxima expresión, con la mirada busco a la pelirroja, ella no estaba, de pronto aquel sitio se llenó de policías y socorristas tratando de auxiliar a las victimas, algunos sobrevivientes le miraban con una especie de rencor, como si él fuera culpable de aquel fatídico atentado. Se levantó y un policía se le acercó y le pidió que no se alejara, buscó la pared más cercana y se recargó torpemente todavía se sentía aturdido, el tiempo parecía irse más rápido después de la explosión, pensó en lo mucho que deseaba no hacer este viaje, en como se creyó afortunado por haber conseguido la atención de la mujer, de pronto se sintió acorralado, un grupo de policías lo rodeó, lo levantaron con fuerza y le pusieron unas esposas, sintió los flashes sobre su rostro y las cámaras de televisión lo seguían a su salida, pero era el único al que le ponían tanto interés, lo llevaron a una sala anexa al aeropuerto al tiempo que comenzaron a gritarle insultos los agentes que ahí le esperaban.

No entendía que estaba pasando, solo decía que él iba a viajar en el vuelo y les hablaba de la mujer pelirroja que dejó el maletín. Los policías enfurecidos le decían que eso no era verdad al tiempo que le golpeaban pidiendo que se declarara culpable. Transcurrieron un par de horas y lo obligaron a salir, lo llevaron a una sala donde estaba lleno de reporteros y cámaras de televisión, en el podio pudo reconocer al procurador del país, a empujones lo colocaron frente a una mampara con los logotipos de la policía federal y comenzó el circo, escucho el número de muertos y heridos, de pronto su rostro cambió al escuchar su nombre como autor del incidente y decir que era parte de una organización delictiva, pensaba que todo esto era un gran error, cada que intentaba hablar los agentes a su costado le apretaban el brazo para que se callara, se sentía impotente, solo era un hombre normal con un mal día, pero ahora era el enemigo público número uno, de pronto el procurador dirigió las miradas de todos hacía la pantalla y mostró el vídeo de seguridad, ahí estaba él acercándose al mostrador, discutiendo con la sobrecargo mientras los demás pasajeros comenzaban a abordar, dejó el maletín y caminó con prisa hacía la puerta, de pronto otra cámara captó como sacó el celular de su bolsa y después de eso la imagen desapareció, sin duda, era él, se dejó caer sobre sus rodillas y cerró los ojos.

Escuchó de pronto una voz femenina que le llamaba por su nombre, abrió los ojos y la vio ahí, enfundada en su uniforme de aeromoza con su cabellera rojiza y su cuerpo menudo cerca de él sonriendo tímidamente, lo miró y le dijo con voz suave, Señor el avión lo espera, solo falta usted, tomó su portafolio y caminó lentamente hacía la sala de abordar, todo había sido un sueño, subió las escaleras y se abrochó el cinturón de seguridad, abrió el portafolio y al tiempo que desactivaba el artefacto explosivo, pensó que hoy no era un buen día para tragedias.

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